Reflexiones

10 Razones para no hacer “sexting”

Aproximadamente un tercio de los adolescentes admiten que han enviado textos o imágenes sexualmente sugestivos en línea o por teléfono. Dado el hecho de que el sexting se ha vuelto tan común en las escuelas y entre las celebridades, muchas personas nunca se detienen a pensar por qué es una mala idea. Aquí hay una lista de los diez mejores, para empezar:

  1. Cualquier imagen sexual de una persona de diecisiete años de edad o menor se considera pornografía infantil. Por lo tanto, si estas en la escuela secundaria o eres aún más joven, se te puede acusar por la distribución de pornografía infantil al enviar fotos sexuales de ti mismo o de otros.
  1. Si tienes fotos sexuales de adolescentes en tu teléfono, puedes enfrentar cargos graves por solicitar y poseer pornografía infantil.
  1. Si envías imágenes sexuales en línea, es posible que no sepas quién está en el otro lado de la pantalla. Innumerables delincuentes sexuales pretenden ser adolescentes usando fotos en línea de otros. USA Today informó cómo un hombre de 51 años de edad fingió ser una adolescente llamada “Sara” y persuadió a más de 100 jóvenes que conoció en línea para realizar actos sexuales en su webcam. Grabó lo que hizo, subió las imágenes a servidores de intercambio de archivos y los intercambió en todo el mundo. Otro delincuente sexual estableció una cuenta de Facebook de una mujer falsa y engañó a un número de chicos de la escuela secundaria para que le enviaran imágenes sexuales de sí mismos. Luego chantajeó a siete de ellos para realizar actos sexuales con él en parques públicos y baños, amenazándolos con distribuir las fotos a sus compañeros de clase si se negaban.
  1. Incluso si conoces a la persona que está recibiendo tu foto, él o ella podría usarlo en tu contra si la relación termina. Cyberbulling a través de la venganza porno se ha convertido en una herramienta común para lastimar a alguien cuando una ruptura se vuelve agria.
  1. Como parte del proceso de solicitud de la universidad, muchas universidades no están simplemente revisando tus calificaciones y ensayos de ingreso. Algunos revisan tus cuentas de redes sociales para evaluar tu estilo de vida. ¿Esta foto ayudará a tus posibilidades? Cinco años a partir de ahora, cuando solicites un trabajo, tu futuro jefe puede hacer una verificación de antecedentes en línea y encontrar las imágenes flotando en el ciberespacio. Esto no se verá bien en tu hoja de vida.
  1. Incluso si piensas que la imagen desaparecerá a través de Snapchat, es fácil para el destinatario guardar esas fotos tomando una captura de pantalla.
  1. Seamos honestos: ¿Cuáles son las probabilidades de que esta persona mantenga esa imagen privada para siempre? Algunos adolescentes venden las imágenes de sus novias a sus amigos. Otros comercian las imágenes como tarjetas de béisbol.
  1. Si se la envías a una persona con la que tienes una relación afectiva también considera que si siembra zanahorias obtendrás zanahorias, si no siembras respeto no cosecharás respeto.
  1. Te podría sorprender que personas se pueden llegar a enterar de que has hecho el sexting, y no me refiero sólo a tus hermanos, padres, o a tu tía Mildred. Conozco a un atleta de secundaria que perdió su beca para jugar al fútbol en una universidad estatal D1 por compartir imágenes sexuales de sus compañeros de clase desde su teléfono.
  1. Es un pecado, y lleva a la gente a pecar. En Lucas 17, Jesús dice: “Las tentaciones al pecado seguramente vendrán; Pero ¡ay de aquel por quien vienen! Sería mejor para él si lo arrojarán en el mar con una piedra de molino atada al cuello, antes que hacer caer a uno de estos pequeños.” Las piedras de molino pueden pesar cientos de libras, y estarás mejor sin una colgando en tu cuello.

Entonces, ¿qué haces si alguien te pide una foto reveladora? Envíales una foto de tu mano desnuda, diciéndoles adiós.


Jj-evert.jpg-evertJason Evert fundado chastityproject.com ha hablado en seis continentes a más de un millón de personas sobre la virtud de la castidad. Él es el autor de más de diez libros, incluyendo Cómo encontrar a tu alma gemela sin perder tu alma y Teología del cuerpo para los adolescentes.

Publicado originalmente en: http://chastityproject.com/2015/03/top-10-reasons-sext/

La verdadera bandera de la libertad

 

Más yo nunca te retiraré mi amor….

Hace muchos años atrás existió un hombre que presencio un gran diluvio y sintió un gran alivio al ver un arco iris y escuchar como Dios le decía, con una voz fuerte y a la vez muy amable y tierna: “Esta es la señal de la alianza que yo he establecido entre mí y todo ser viviente”…. Ese hermoso arco iris que veía era la señal de que Dios jamás nos retiraría su amor (Is 54, 10)

Ese arco iris (que por cierto debió ser algo tan hermoso, algo que jamás se pudiera replicar en una pulsera) anunciaba la verdadera libertad. Libertad que se funda en el compromiso sólido de que Dios jamás nos abandonará. Libertad que se sostiene en un pacto, en una alianza eterna. Recordemonos de el verdadero significado de la libertad. Pablo nos recuerda que nuestra vocación, (nuestro llamado más alto) es la libertad; y no la libertad para cumplir nuestros antojos, sino la del amor por el que nos hacemos esclavos unos de otros. 1

¿Parece contradictorio no? la verdadera libertad consiste en hacernos esclavos por amor. Y necesitamos fe para poder entenderlo. A esto Pablo le llama andar en el espíritu. Si lograramos entender con más profundidad la verdadera libertad que Dios nos ofrece (hacernos esclavos por amor) podríamos dar más de los frutos que produce: la caridad, alegría, paz, comprensión de los demás, generosidad, bondad,fidelidad, mansedumbre y dominio de sí mismo, y así llegar a ser más felices.

La verdadera bandera de la libertad no fue hecha en 1978 por Gilber Baker. Dios se encargó de diseñarla mucho tiempo atrás como simbolo de su amor que nunca acabará.

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  1. Galatás 5,13

 

Después del pecado, ¿qué voz escuchas?

El diablo tiene una forma de hacer que un pecado no parezca como una problema cuando estás pensando en cometerlo, pero lo hace ver demasiado grande como para que Dios lo perdone después de haberlo hecho.

Si has caído en tu búsqueda de la pureza es importante conocer la diferencia entre la condenación y la convicción. LA condenación es una voz de cupla que nos hace sentir dañados, inútiles y avergonzados. Esta fue la reacción de Adan y Eva cuando se escondieron de Dios en el jardín del Eden. Sus sentimientos de condenación provocaron el fracaso de no correr hacía la misericordia de Dios, ¡y esto fue lo que más le dolió! La convicción, por otro lado, nos permite ver en que hemos fallado y por lo tanto nos llama a cambiar. Es por esto que Santa Teresa podía decir que su debilidad y miseria era como un ascensor que la mantenía cerca de Dios. La convicción nos motiva a aferrarnos a la misericordia.

¿Qué hay de tí? ¿Has cometido errores? ¿Has caído en tu camino hacia la pureza? ¿Has tomado decisiones de las que no estas orgulloso? ¿Sientes el peso de tu conciencia? ¿Odias tu pecado? ¡Bienvenido al club!

Todos hemos oído hablar de la “culpabilidad católica”. La idea errónea es que los católicos se avergüenzan de todo su comportamiento debido a las condenas internas. Al contrario, cuando cometemos un error, nuestra conciencia sabe que fuimos creados para más. La versión saludable de “Culpabilidad Católica” nos da el impulso para averiguar qué significa ese “más”.

Es probable que hayas escuchado alguna charla de conversión en tu mente y la hayas sentido en tu corazón cuando te has revuelto en la culpa. Entonces, ¿cómo sabes si estos pensamientos y voces vienen de Dios? Aquí hay algunas maneras de discernir la voz de Dios de todos los demás:

  • Dios habla con convicción, no con condenación. Su voz nunca alienta la vergüenza, únicamente a una invitación a la conversión. Es la bondad de Dios que persigue nuestra quebrantamiento. Salmo 23, 6
  • La voz de Dios no nos hace sentir desesperanzados, pero siempre proporciona una salida. 1 Corintios 10,13
  • La voz de Dios suele ser suave, no áspera ni intrusiva (indiscreta, molesta, entrometida). 1 Reyes 19,12
  • El diablo te hará sentir que hay etiquetas desalentadoras puestas sobre ti que son demasiado abrumadoras para superar (eres egoísta, inútil, impuro, etc.). Dios te llamará a maneras precisas y específicas de apartarte del pecado y encontrarlo a Él. Juan 16, 8
  • La voz de Dios nos hace sentir que todo está bajo control. 2 Crónicas 20,6
  • El Dios cuyas palabras crearon el universo quiere hablar de paz en tu vida. El diablo quiere hablar discordia e indignidad. Filipenses 4, 17
  • Dios no vino a arruinar nuestro gozo sino a cumplirlo. Cuando te encuentres con una voz, pregunta: “¿Esta voz me trae vida abundante o encoge mi corazón?” Juan 10,10
  • La palabra de Dios nos golpea en un lugar al que nadie más puede acceder. Su palabra nos penetra de una manera que nada más puede. Hebreos 4,12

Para escuchar al Señor, debemos darle la oportunidad de hablar. ¡Nuestras vidas están tan llenas de distracciones y en cada momento el mundo está compitiendo por nuestra atención! Dios quiere hablar de Su amor en tu vergüenza. Es en esta relación con Jesús que podemos descubrir que es la bondad de Dios la que nos lleva al arrepentimiento. ¡Su misericordia quiere recrearte en Su amor! Jesús no viene a nosotros en ira, sino más bien con un deseo de reconciliarse para que puedas estar junto a Él para siempre. Deja que su voz calme la tormenta en tu corazón y te cure en el camino,  ¡sólo Él puede!.

Fuente: chasityproyect.com

Enlace: http://chastityproject.com/2016/12/after-the-sin-whose-voice-do-you-hear/

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Katie Hartfiel es la autora de Woman In Love, que entrena a mujeres jóvenes mientras rezan por su futuro cónyuge. Katie recibió su título de Teología de la Universidad Franciscana de Steubenville. Ella sirvió como un ministro de la juventud durante siete años en Houston, donde ella ahora reside con su marido, Mark, y tres hijas. Para más información sobre Katie, sus libros y su retiro de pureza DIY visitan womaninlove.org.

Carta del Papa Juan Pablo II a las Mujeres

A vosotras, mujeres del mundo entero,
os doy mi más cordial saludo:

 

1. A cada una de vosotras dirijo esta carta con objeto de compartir y manifestar gratitud, en la proximidad de la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, que tendrá lugar en Pekín el próximo mes de septiembre.

Ante todo deseo expresar mi vivo reconocimiento a la Organización de las Naciones Unidas, que ha promovido tan importante iniciativa. La Iglesia quiere ofrecer también su contribución en defensa de la dignidad, papel y derechos de las mujeres, no sólo a través de la aportación específica de la Delegación oficial de la Santa Sede a los trabajos de Pekín, sino también hablando directamente al corazón y a la mente de todas las mujeres. Recientemente, con ocasión de la visita que la Señora Gertrudis Mongella, Secretaria General de la Conferencia, me ha hecho precisamente con vistas a este importante encuentro, le he entregado un Mensaje en el que se recogen algunos puntos fundamentales de la enseñanza de la Iglesia al respecto. Es un mensaje que, más allá de la circunstancia específica que lo ha inspirado, se abre a la perspectiva más general de la realidad y de los problemas de las mujeres en su conjunto, poniéndose al servicio de su causa en la Iglesia y en el mundo contemporáneo. Por lo cual he dispuesto que se enviara a todas las Conferencias Episcopales, para asegurar su máxima difusión.

Refiriéndome a lo expuesto en dicho documento, quiero ahora dirigirme directamente a cada mujer, para reflexionar con ella sobre sus problemas y las perspectivas de la condición femenina en nuestro tiempo, deteniéndome en particular sobre el tema esencial de la dignidad y de los derechosde las mujeres, considerados a la luz de la Palabra de Dios.

El punto de partida de este diálogo ideal no es otro que dar gracias. « La Iglesia —escribía en la Carta apostólica Mulieris dignitatem— desea dar gracias a la Santísima Trinidad por el “misterio de la mujer” y por cada mujer, por lo que constituye la medida eterna de su dignidad femenina, por las “maravillas de Dio”, que en la historia de la humanidad se han realizado en ella y por ella » (n. 31).

2. Dar gracias al Señor por su designio sobre la vocación y la misión de la mujer en el mundo se convierte en un agradecimiento concreto y directo a las mujeres, a cada mujer, por lo que representan en la vida de la humanidad.

Te doy gracias, mujer-madre, que te conviertes en seno del ser humano con la alegría y los dolores de parto de una experiencia única, la cual te hace sonrisa de Dios para el niño que viene a la luz y te hace guía de sus primeros pasos, apoyo de su crecimiento, punto de referencia en el posterior camino de la vida.

Te doy gracias, mujer-esposa, que unes irrevocablemente tu destino al de un hombre, mediante una relación de recíproca entrega, al servicio de la comunión y de la vida.

Te doy gracias, mujer-hija mujer-hermana, que aportas al núcleo familiar y también al conjunto de la vida social las riquezas de tu sensibilidad, intuición, generosidad y constancia.

Te doy gracias, mujer-trabajadora, que participas en todos los ámbitos de la vida social, económica, cultural, artística y política, mediante la indispensable aportación que das a la elaboración de una cultura capaz de conciliar razón y sentimiento, a una concepción de la vida siempre abierta al sentido del « misterio », a la edificación de estructuras económicas y políticas más ricas de humanidad.

Te doy gracias, mujer-consagrada, que a ejemplo de la más grande de las mujeres, la Madre de Cristo, Verbo encarnado, te abres con docilidad y fidelidad al amor de Dios, ayudando a la Iglesia y a toda la humanidad a vivir para Dios una respuesta « esponsal », que expresa maravillosamente la comunión que El quiere establecer con su criatura.

Te doy gracias, mujer, ¡por el hecho mismo de ser mujer! Con la intuición propia de tu femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas.

3. Pero dar gracias no basta, lo sé. Por desgracia somos herederos de una historia de enormescondicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e instituciones. Pero si en esto no han faltado, especialmente en determinados contextos históricos, responsabilidades objetivas incluso en no pocos hijos de la Iglesia, lo siento sinceramente. Que este sentimiento se convierta para toda la Iglesia en un compromiso de renovada fidelidad a la inspiración evangélica, que precisamente sobre el tema de la liberación de la mujer de toda forma de abuso y de dominio tiene un mensaje de perenne actualidad, el cual brota de la actitud misma de Cristo. El, superando las normas vigentes en la cultura de su tiempo, tuvo en relación con las mujeres una actitud de apertura, de respeto, de acogida y de ternura. De este modo honraba en la mujer la dignidad que tiene desde siempre, en el proyecto y en el amor de Dios. Mirando hacia El, al final de este segundo milenio, resulta espontáneo preguntarse: ?qué parte de su mensaje ha sido comprendido y llevado a término?

Ciertamente, es la hora de mirar con la valentía de la memoria, y reconociendo sinceramente las responsabilidades, la larga historia de la humanidad, a la que las mujeres han contribuido no menos que los hombres, y la mayor parte de las veces en condiciones bastante más adversas. Pienso, en particular, en las mujeres que han amado la cultura y el arte, y se han dedicado a ello partiendo con desventaja, excluidas a menudo de una educación igual, expuestas a la infravaloración, al desconocimiento e incluso al despojo de su aportación intelectual. Por desgracia, de la múltiple actividad de las mujeres en la historia ha quedado muy poco que se pueda recuperar con los instrumentos de la historiografía científica. Por suerte, aunque el tiempo haya enterrado sus huellas documentales, sin embargo se percibe su influjo benéfico en la linfa vital que conforma el ser de las generaciones que se han sucedido hasta nosotros. Respecto a esta grande e inmensa « tradición » femenina, la humanidad tiene una deuda incalculable. ¡Cuántas mujeres han sido y son todavía más tenidas en cuenta por su aspecto físico que por su competencia, profesionalidad, capacidad intelectual, riqueza de su sensibilidad y en definitiva por la dignidad misma de su ser!

4. Y qué decir también de los obstáculos que, en tantas partes del mundo, impiden aún a las mujeres su plena inserción en la vida social, política y económica? Baste pensar en cómo a menudo es penalizado, más que gratificado, el don de la maternidad, al que la humanidad debe también su misma supervivencia. Ciertamente, aún queda mucho por hacer para que el ser mujer y madre no comporte una discriminación. Es urgente alcanzar en todas partes la efectiva igualdad de los derechos de la persona y por tanto igualdad de salario respecto a igualdad de trabajo, tutela de la trabajadora-madre, justas promociones en la carrera, igualdad de los esposos en el derecho de familia, reconocimiento de todo lo que va unido a los derechos y deberes del ciudadano en un régimen democrático.

Se trata de un acto de justicia, pero también de una necesidad. Los graves problemas sobre la mesa, en la política del futuro, verán a la mujer comprometida cada vez más: tiempo libre, calidad de la vida, migraciones, servicios sociales, eutanasia, droga, sanidad y asistencia, ecología, etc. Para todos estos campos será preciosa una mayor presencia social de la mujer, porque contribuirá a manifestar las contradicciones de una sociedad organizada sobre puros criterios de eficiencia y productividad, y obligará a replantear los sistemas en favor de los procesos de humanización que configuran la « civilización del amor ».

5. Mirando también uno de los aspectos más delicados de la situación femenina en el mundo, cómo no recordar la larga y humillante historia —a menudo « subterránea »— de abusos cometidos contra las mujeres en el campo de la sexualidad? A las puertas del tercer milenio no podemos permanecer impasibles y resignados ante este fenómeno. Es hora de condenar con determinación, empleando los medios legislativos apropiados de defensa, las formas de violencia sexual que con frecuencia tienen por objeto a las mujeres. En nombre del respeto de la persona no podemos además no denunciar la difundida cultura hedonística y comercial que promueve la explotación sistemática de la sexualidad, induciendo a chicas incluso de muy joven edad a caer en los ambientes de la corrupción y hacer un uso mercenario de su cuerpo.

Ante estas perversiones, cuánto reconocimiento merecen en cambio las mujeres que, con amor heroico por su criatura, llevan a término un embarazo derivado de la injusticia de relaciones sexuales impuestas con la fuerza; y esto no sólo en el conjunto de las atrocidades que por desgracia tienen lugar en contextos de guerra todavía tan frecuentes en el mundo, sino también en situaciones de bienestar y de paz, viciadas a menudo por una cultura de permisivismo hedonístico, en que prosperan también más fácilmente tendencias de machismo agresivo. En semejantes condiciones, la opción del aborto, que es siempre un pecado grave, antes de ser una responsabilidad de las mujeres, es un crimen imputable al hombre y a la complicidad del ambiente que lo rodea.

6. Mi « gratitud » a las mujeres se convierte pues en una llamada apremiante, a fin de que por parte de todos, y en particular por parte de los Estados y de las instituciones internacionales, se haga lo necesario para devolver a las mujeres el pleno respeto de su dignidad y de su papel. A este propósito expreso mi admiración hacia las mujeres de buena voluntad que se han dedicado a defender la dignidad de su condición femenina mediante la conquista de fundamentales derechos sociales, económicos y políticos, y han tomado esta valiente iniciativa en tiempos en que este compromiso suyo era considerado un acto de transgresión, un signo de falta de femineidad, una manifestación de exhibicionismo, y tal vez un pecado.

Como expuse en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año, mirando este gran proceso de liberación de la mujer, se puede decir que « ha sido un camino difícil y complicado y, alguna vez, no exento de errores, aunque sustancialmente positivo, incluso estando todavía incompleto por tantos obstáculos que, en varias partes del mundo, se interponen a que la mujer sea reconocida, respetada y valorada en su peculiar dignidad » (n. 4).

¡Es necesario continuar en este camino! Sin embargo estoy convencido de que el secreto para recorrer libremente el camino del pleno respeto de la identidad femenina no está solamente en la denuncia, aunque necesaria, de las discriminaciones y de las injusticias, sino también y sobre todo en un eficaz e ilustrado proyecto de promoción, que contemple todos los ámbitos de la vida femenina, a partir de una renovada y universal toma de conciencia de la dignidad de la mujer. A su reconocimiento, no obstante los múltiples condicionamientos históricos, nos lleva la razón misma, que siente la Ley de Dios inscrita en el corazón de cada hombre. Pero es sobre todo la Palabra de Dios la que nos permite descubrir con claridad el radical fundamento antropológico de la dignidad de la mujer, indicándonoslo en el designio de Dios sobre la humanidad.

7. Permitidme pues, queridas hermanas, que medite de nuevo con vosotras sobre la maravillosa página bíblica que presenta la creación del ser humano, y que dice tanto sobre vuestra dignidad y misión en el mundo.

El Libro del Génesis habla de la creación de modo sintético y con lenguaje poético y simbólico, pero profundamente verdadero: « Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó: varón y mujer los creó » (Gn 1, 27). La acción creadora de Dios se desarrolla según un proyecto preciso. Ante todo, se dice que el ser humano es creado « a imagen y semejanza de Dios » (cf. Gn 1, 26), expresión que aclara en seguida el carácter peculiar del ser humano en el conjunto de la obra de la creación.

Se dice además que el ser humano, desde el principio, es creado como « varón y mujer » (Gn 1, 27). La Escritura misma da la interpretación de este dato: el hombre, aun encontrándose rodeado de las innumerables criaturas del mundo visible, ve que está solo (cf. Gn 2, 20). Dios interviene para hacerlo salir de tal situación de soledad: « No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada » (Gn 2, 18). En la creación de la mujer está inscrito, pues, desde el inicio el principio de la ayuda: ayuda —mírese bien— no unilateral, sino recíproca. La mujer es el complemento del hombre, como el hombre es el complemento de la mujer: mujer y hombre son entre sí complementarios. La femineidad realiza lo « humano » tanto como la masculinidad, pero con una modulación diversa y complementaria.

Cuando el Génesis habla de « ayuda », no se refiere solamente al ámbito del obrar, sino también al del ser. Femineidad y masculinidad son entre sí complementarias no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo « masculino » y de lo « femenino » lo « humano » se realiza plenamente.

8. Después de crear al ser humano varón y mujer, Dios dice a ambos: « Llenad la tierra y sometedla » (Gn 1, 28). No les da sólo el poder de procrear para perpetuar en el tiempo el género humano, sino que les entrega también la tierra como tarea, comprometiéndolos a administrar sus recursos con responsabilidad. El ser humano, ser racional y libre, está llamado a transformar la faz de la tierra. En este encargo, que esencialmente es obra de cultura, tanto el hombre como la mujer tienen desde el principio igual responsabilidad. En su reciprocidad esponsal y fecunda, en su común tarea de dominar y someter la tierra, la mujer y el hombre no reflejan una igualdad estática y uniforme, y ni siquiera una diferencia abismal e inexorablemente conflictiva: su relación más natural, de acuerdo con el designio de Dios, es la « unidad de los dos », o sea una « unidualidad » relacional, que permite a cada uno sentir la relación interpersonal y recíproca como un don enriquecedor y responsabilizante.

A esta « unidad de los dos » confía Dios no sólo la obra de la procreación y la vida de la familia, sino la construcción misma de la historia. Si durante el Año internacional de la Familia, celebrado en 1994, se puso la atención sobre la mujer como madre, la Conferencia de Pekín es la ocasión propicia para una nueva toma de conciencia de la múltiple aportación que la mujer ofrece a la vida de todas las sociedades y naciones. Es una aportación, ante todo, de naturaleza espiritual y cultural, pero también socio-política y económica. ¡Es mucho verdaderamente lo que deben a la aportación de la mujer los diversos sectores de la sociedad, los Estados, las culturas nacionales y, en definitiva, el progreso de todo el genero humano!

9. Normalmente el progreso se valora según categorías científicas y técnicas, y también desde este punto de vista no falta la aportación de la mujer. Sin embargo, no es ésta la única dimensión del progreso, es más, ni siquiera es la principal. Más importante es la dimensión ética y social, que afecta a las relaciones humanas y a los valores del espíritu: en esta dimensión, desarrollada a menudo sin clamor, a partir de las relaciones cotidianas entre las personas, especialmente dentro de la familia, la sociedad es en gran parte deudora precisamente al « genio de la mujer ».

A este respecto, quiero manifestar una particular gratitud a las mujeres comprometidas en los más diversos sectores de la actividad educativa, fuera de la familia: asilos, escuelas, universidades, instituciones asistenciales, parroquias, asociaciones y movimientos. Donde se da la exigencia de un trabajo formativo se puede constatar la inmensa disponibilidad de las mujeres a dedicarse a las relaciones humanas, especialmente en favor de los más débiles e indefensos. En este cometido manifiestan una forma de maternidad afectiva, cultural y espiritual, de un valor verdaderamente inestimable, por la influencia que tiene en el desarrollo de la persona y en el futuro de la sociedad. ¿Cómo no recordar aquí el testimonio de tantas mujeres católicas y de tantas Congregaciones religiosas femeninas que, en los diversos continentes, han hecho de la educación, especialmente de los niños y de las niñas, su principal servicio? Cómo no mirar con gratitud a todas las mujeres que han trabajado y siguen trabajando en el campo de la salud, no sólo en el ámbito de las instituciones sanitarias mejor organizadas, sino a menudo en circunstancias muy precarias, en los Países más pobres del mundo, dando un testimonio de disponibilidad que a veces roza el martirio?

10. Deseo pues, queridas hermanas, que se reflexione con mucha atención sobre el tema del « genio de la mujer », no sólo para reconocer los caracteres que en el mismo hay de un preciso proyecto de Dios que ha de ser acogido y respetado, sino también para darle un mayor espacio en el conjunto de la vida social así como en la eclesial. Precisamente sobre este tema, ya tratado con ocasión del Año Mariano, tuve oportunidad de ocuparme ampliamente en la citada Carta apostólica Mulieris dignitatempublicada en 1988. Este año, además, con ocasión del Jueves Santo, a la tradicional Carta que envío a los sacerdotes he querido agregar idealmente la Mulieris dignitateminvitándoles a reflexionar sobre el significativo papel que la mujer tiene en sus vidas como madre, como hermana y como colaboradora en las obras apostólicas. Es ésta otra dimensión, —diversa de la conyugal, pero asimismo importante— de aquella « ayuda » que la mujer, según el Génesis, está llamada a ofrecer al hombre.

La Iglesia ve en María la máxima expresión del « genio femenino » y encuentra en Ella una fuente de continua inspiración. María se ha autodefinido « esclava del Señor » (Lc 1, 38). Por su obediencia a la Palabra de Dios Ella ha acogido su vocación privilegiada, nada fácil, de esposa y de madre en la familia de Nazaret. Poniéndose al servicio de Dios, ha estado también al servicio de los hombres: un servicio de amor. Precisamente este servicio le ha permitido realizar en su vida la experiencia de un misterioso, pero auténtico « reinar ». No es por casualidad que se la invoca como « Reina del cielo y de la tierra ». Con este título la invoca toda la comunidad de los creyentes, la invocan como « Reina » muchos pueblos y naciones. ¡Su « reinar » es servir! ¡Su servir es « reinar »!

De este modo debería entenderse la autoridad, tanto en la familia como en la sociedad y en la Iglesia. El « reinar » es la revelación de la vocación fundamental del ser humano, creado a « imagen » de Aquel que es el Señor del cielo y de la tierra, llamado a ser en Cristo su hijo adoptivo. El hombre es la única criatura sobre la tierra que « Dios ha amado por sí misma », como enseña el Concilio Vaticano II, el cual añade significativamente que el hombre « no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo » (Gaudium et spes24).

En esto consiste el « reinar » materno de María. Siendo, con todo su ser, un don para el Hijo, es un don también para los hijos e hijas de todo el género humano, suscitando profunda confianza en quien se dirige a Ella para ser guiado por los difíciles caminos de la vida al propio y definitivo destino trascendente. A esta meta final llega cada uno a través de las etapas de la propia vocación, una meta que orienta el compromiso en el tiempo tanto del hombre como de la mujer.

11. En este horizonte de « servicio » —que, si se realiza con libertad, reciprocidad y amor, expresa la verdadera « realeza » del ser humano— es posible acoger también, sin desventajas para la mujer,una cierta diversidad de papeles, en la medida en que tal diversidad no es fruto de imposición arbitraria, sino que mana del carácter peculiar del ser masculino y femenino. Es un tema que tiene su aplicación específica incluso dentro de la Iglesia. Si Cristo —con una elección libre y soberana, atestiguada por el Evangelio y la constante tradición eclesial— ha confiado solamente a los varones la tarea de ser «icono » de su rostro de « pastor » y de « esposo » de la Iglesia a través del ejercicio del sacerdocio ministerial, esto no quita nada al papel de la mujer, así como al de los demás miembros de la Iglesia que no han recibido el orden sagrado, siendo por lo demás todos igualmente dotados de la dignidad propia del « sacerdocio común », fundamentado en el Bautismo. En efecto, estas distinciones de papel no deben interpretarse a la luz de los cánones de funcionamiento propios de las sociedades humanas, sino con los criterios específicos de la economía sacramental, o sea, la economía de « signos » elegidos libremente por Dios para hacerse presente en medio de los hombres.

Por otra parte, precisamente en la línea de esta economía de signos, incluso fuera del ámbito sacramental, hay que tener en cuenta la « femineidad » vivida según el modelo sublime de María. En efecto, en la « femineidad » de la mujer creyente, y particularmente en el de la « consagrada », se da una especie de « profecía » inmanente (cf. Mulieris dignitatem29), un simbolismo muy evocador, podría decirse un fecundo « carácter de icono », que se realiza plenamente en María y expresa muy bien el ser mismo de la Iglesia como comunidad consagrada totalmente con corazón « virgen », para ser « esposa » de Cristo y « madre » de los creyentes. En esta perspectiva de complementariedad « icónica » de los papeles masculino y femenino se ponen mejor de relieve las dos dimensiones imprescindibles de la Iglesia: el principio « mariano » y el « apostólico-petrino » (cf. ibid., 27).

Por otra parte —lo recordaba a los sacerdotes en la citada Carta del Jueves Santo de este año— el sacerdocio ministerial, en el plan de Cristo « no es expresión de dominio, sino de servicio » (n. 7). Es deber urgente de la Iglesia, en su renovación diaria a la luz de la Palabra de Dios, evidenciar esto cada vez más, tanto en el desarrollo del espíritu de comunión y en la atenta promoción de todos los medios típicamente eclesiales de participación, como a través del respeto y valoración de los innumerables carismas personales y comunitarios que el Espíritu de Dios suscita para la edificación de la comunidad cristiana y el servicio a los hombres.

En este amplio ámbito de servicio, la historia de la Iglesia en estos dos milenios, a pesar de tantos condicionamientos, ha conocido verdaderamente el « genio de la mujer », habiendo visto surgir en su seno mujeres de gran talla que han dejado amplia y beneficiosa huella de sí mismas en el tiempo. Pienso en la larga serie de mártires, de santas, de místicas insignes. Pienso de modo especial en santa Catalina de Siena y en santa Teresa de Jesús, a las que el Papa Pablo VI concedió el título de Doctoras de la Iglesia. Y ¿cómo no recordar además a tantas mujeres que, movidas por la fe, han emprendido iniciativas de extraordinaria importancia social especialmente al servicio de los más pobres? En el futuro de la Iglesia en el tercer milenio no dejarán de darse ciertamente nuevas y admirables manifestaciones del « genio femenino ».

12. Vosotras veis, pues, queridas hermanas, cuántos motivos tiene la Iglesia para desear que, en la próxima Conferencia, promovida por las Naciones Unidas en Pekín, se clarifique la plena verdad sobre la mujer. Que se dé verdaderamente su debido relieve al « genio de la mujer », teniendo en cuenta no sólo a las mujeres importantes y famosas del pasado o las contemporáneas, sino también a las sencillas, que expresan su talento femenino en el servicio de los demás en lo ordinario de cada día. En efecto, es dándose a los otros en la vida diaria como la mujer descubre la vocación profunda de su vida; ella que quizá más aún que el hombre ve al hombre, porque lo ve con el corazón. Lo ve independientemente de los diversos sistemas ideológicos y políticos. Lo ve en su grandeza y en sus límites, y trata de acercarse a él y serle de ayuda. De este modo, se realiza en la historia de la humanidad el plan fundamental del Creador e incesantemente viene a la luz, en la variedad de vocaciones, la belleza —no solamente física, sino sobre todo espiritual— con que Dios ha dotado desde el principio a la criatura humana y especialmente a la mujer.

Mientras confío al Señor en la oración el buen resultado de la importante reunión de Pekín, invito alas comunidades eclesiales a hacer del presente año una ocasión para una sentida acción de gracias al Creador y al Redentor del mundo precisamente por el don de un bien tan grandecomo es el de la femineidad: ésta, en sus múltiples expresiones, pertenece al patrimonio constitutivo de la humanidad y de la misma Iglesia.

Que María, Reina del amor, vele sobre las mujeres y sobre su misión al servicio de la humanidad, de la paz y de la extensión del Reino de Dios.

Con mi Bendición.

Vaticano, 29 de junio, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, del año 1995.

Originalmente publicado en: Acpiprensa

Niño de ocho años obtiene conversión de su familia ante el Santísimo Sacramento en México

Mérida (Jueves, 02-02-2017) Un conmovedor testimonio de devoción eucarístico fue destacado por el portal Aleteia en su versión inglesa, pero tuvo lugar en Mérida, México, y tuvo como protagonista a un niño de tan sólo ocho años. Los hechos fueron relatados por el P. Patricio Hileman, un sacerdote dedicado a la promoción de la Adoración Perpetua en Latinoamérica y registrado en video por la agencia informativa ACI.

El niño, llamado Diego, asistió a una de las predicaciones del sacerdote y resultó conmovido por la invitación de hacer una Hora Santa en la madrugada como lo solicitó el mismo Jesús a sus discípulos: “que si se apuntan en la madrugada Jesús los va a bendecir cien veces más” decía el Padre Hielman. “Yo venía hablando de que Jesús invitaba a sus amigos a la Hora Santa. Jesús les dice ‘¿no pueden velar una hora conmigo?’, tres veces se los dice y se los dice en la madrugada”, recordó el sacerdote argentino.

Las palabras del sacerdote hicieron que el niño decidiera apuntarse a las 3:00 a.m. algo que llamó la atención de su madre, a quien le explicó que lo haría porque “quiero que papá deje de tomar, deje de pegarte y dejemos de ser pobres”.

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Foto: Beberlin

Durante la primera semana la mamá lo acompañó, y en la segunda semana invitó a su papá.“Al mes de que comenzaron a ir a la Adoración Perpetua. El papá dio el testimonio de que experimentó el amor de Jesús y se sanó” y después “se volvió a enamorar de la mamá en esas horas santas”, señaló el P. Hileman.

“El papá dejó de tomar, dejó de pelearse con la mamá y dejaron de ser pobres”, concluyó el relato el sacerdote. “Por la fe de un pequeñito de 8 años toda la familia se sanó”. El sacerdote explicó que este es apenas uno de muchos testimonios de conversión que ha conocido en su ministerio, gracias a ala acción de Cristo durante la Adoración.


“El primer mandamiento de la adoración perpetua es dejarse ‘apapachar’ por Jesús,  es el lugar donde aprendemos a descansar en el corazón de jesús. Solamente Jesús puede darte ese abrazo del alma”  P. Hielman

 

El sacerdote explicó que la historia de esta iniciativa se remonta a 1993 en Sevilla (España), San Juan Pablo II manifestó su deseo de que “cada parroquia del mundo pudiera tener su capilla de adoración perpetua, donde Jesús estuviera expuesto en el Santísimo Sacramento, en una custodia, solemnemente adorado día y noche sin interrupción”.

Recordó también que “San Juan Pablo II hacía 6 horas de adoración por día, sus documentos los escribía con el Santísimo expuesto y una vez por semana pasaba toda la noche en adoración. Ese es el secreto de los santos, ese es el secreto de la Iglesia: estar centrados y unidos a Cristo”.

El presbítero expresó su deseo de que algún día cada parroquia pudiera contar con una capilla de adoración perpetua, “donde Jesús estuviera expuesto en el Santísimo Sacramento, en una custodia, solemnemente adorado día y noche sin interrupción”. El P. Hileman lleva más de 13 años encargado de la misión en Latinoamérica, donde ya existen 950 capillas de adoración perpetua. México lidera la misión con más de 650 capillas. También están presentes en Paraguay, Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia.

“El mismo Jesús que seguimos adorando, amando, y que nos da la fuerza para poder apreciar cada vez más el sacramento de la Eucaristía”, sostuvo el sacerdote.

Con información de Aleteia, ACI y gaudiumpress.org.

 

Por qué no salgo con hombres que están “dispuestos” a esperar a tener relaciones sexuales hasta casarse

 

“Hay algo que necesito decirte”, le dije a un hombre en su sofá en un apartamento de Tampa. Él (entonces, a los 20 años de edad e interesado en mí) asintió y esperó a que lo dijera. Yo, entonces, a mis 20 años, respiré antes de hacerlo: “Estoy guardándome para el matrimonio”.

Respiré mientras él procesaba silenciosamente lo que había dicho. Luego volvió su rostro hacia el mío y dijo: “Si quieres esperar, estoy dispuesto”. Pero la espera nunca había sido parte de su mundo. Accedió a abstenerse de tener relaciones sexuales conmigo porque sabía que si no lo hacía, no saldría con él. Accedió a comportarse como si practicara la castidad, pero únicamente estaba limitado a la abstinencia no matrimonial por mi prohibición del sexo fuera del matrimonio.

Él respetó mis límites, (hasta que no lo hizo) hasta que se burló de mi decisión de esperar para tener relaciones sexuales y lo catalogó como “inmadurez”, en un esfuerzo por manipularme para que cambiará de decisión. Dijo que “ningún tipo esperará tanto”, y me rogó que rompiera mi promesa de practicar la castidad. En cambio, rompí con él.  Aprendí mucho en esa relación, incluyendo esto:

Nunca volvería a salir con un chico que sólo estaba “dispuesto” a esperar para tener relaciones sexuales. Este es el por qué:

Porque no quiero un hombre que actúe castamente; quiero un hombre casto.

Nosotros, los que practicamos la castidad, tenemos aprendizajes de auto-dominio. Prometemos gobernar nuestros apetitos en lugar de ser gobernados por ellos. Un hombre que está “dispuesto” a esperar por sexo para salir conmigo no es un hombre que gobierne sus apetitos. Es un hombre que hace que la persona con la que el sale domine sus apetitos por él.  Si salgo con él, rijo dos conjuntos de apetitos, lo que me hace una facilitadora: no tendrá que practicar el dominio de sí mismo si yo lo domino.

Porque un hombre que no practica la castidad no define el sexo de la misma manera que yo.

Nosotros, que practicamos la castidad, creemos que el sexo es un signo sagrado y físico del compromiso que los cónyuges se hicieron el uno al otro en el altar donde se casaron, diseñados en última instancia para unirlos y hacer bebés. Un hombre que está “dispuesto” a esperar por sexo, pero tendría relaciones sexuales fuera del matrimonio si tuviera mi permiso, no define por defecto el sexo de la manera en que lo hago. ¿Cómo podemos estar unidos por el sexo en el matrimonio si no podemos ponernos de acuerdo sobre el propósito sexual que sirve?

Porque un hombre que abandonaría la virtud (la suya o la mía) si yo sólo le diera permiso es un hombre cuyas normas son demasiado bajas.

Un hombre que está “dispuesto” a esperar a tener relaciones sexuales es un hombre cuya opción de abstenerse del sexo fuera del matrimonio probablemente no está subyacente por otra cosa que la ausencia de mi consentimiento. Estaría tan contento -o más- con una mujer que no practica la castidad. Pero no quiero casarme con un hombre que se conforme con una mujer casta. Quiero a un hombre que quiera una mujer casta,  un hombre que tenga estándares altos para mí, porque él quiere que me convierta en la mujer que Dios me diseñó para ser.

Porque los hombres son capaces de más de lo que el mundo a su alrededor les dice que son.

“Ningún hombre va a esperar tanto” es una mentira, y los niños a los que se les enseña esto se convierten en hombres que lo creen. Pero yo sostengo estándares más altos que estos, porque creo que mis futuros hijos merecen un papá que pueda alcanzarlos, porque creo que los hombres pueden alcanzarlos, porque creo que Dios los creó capaces de hacerlo.

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Arleen Spenceley es autor del próximo libro Chastity is For Lovers: Single, Happy, y (Still) a Virgin, que será lanzado por Ave Maria Press en el otoño de 2014. Trabaja como escritora personal para el Tampa Bay Times. Tiene una licenciatura en periodismo y una maestría en consejería, ambas de la Universidad del Sur de la Florida. Ella blogea en arleenspenceley.com y tweets @ ArleenSpenceley.

 

Orginalmente publicado en: www.chasityproject.com 

Cuando la muerte clava su aguijón

Deseo partir para estar con Cristo. (Flp 1,23)

254. Comprendo la angustia de quien ha perdido una persona muy amada, un cónyuge con quien ha compartido tantas cosas. Jesús mismo se conmovió y se echó a llorar en el velatorio de un amigo (cf. Jn 11,33.35). ¿Y cómo no comprender el lamento de quien ha perdido un hijo? Porque «es como si se detuviese el tiempo: se abre un abismo que traga el pasado y también el futuro […] Y a veces se llega incluso a culpar a Dios. Cuánta gente —los comprendo— se enfada con Dios»….

255. En general, el duelo por los difuntos puede llevar bastante tiempo, y cuando un pastor quiere acompañar ese proceso, tiene que adaptarse a las necesidades de cada una de sus etapas. Todo el proceso está surcado por preguntas, sobre las causas de la muerte, sobre lo que se podría haber hecho, sobre lo que vive una persona en el momento previo a la muerte. Con un camino sincero y paciente de oración y de liberación interior, vuelve la paz. En algún momento del duelo hay que ayudar a descubrir que quienes hemos perdido un ser querido todavía tenemos una mi-sión que cumplir, y que no nos hace bien querer prolongar el sufrimiento, como si eso fuera un homenaje. La persona amada no necesita nuestro sufrimiento ni le resulta halagador que arruinemos nuestras vidas. Tampoco es la mejor expresión de amor recordarla y nombrarla a cada rato, porque es estar pendientes de un pasado que ya no existe, en lugar de amar a ese ser real que ahora está en el más allá. Su presencia física ya no es posible, pero si la muerte es algo potente, « es fuerte el amor como la muerte » (Ct 8,6). El amor tiene una intuición que le permite escuchar sin sonidos y ver en lo invisible. Eso no es imaginar al ser querido tal como era, sino poder aceptarlo transformado, como es ahora. Jesús resucitado, cuando su amiga María quiso abrazarlo con fuerza, le pidió que no lo tocara (cf. Jn 20,17), para llevarla a un encuentro diferente.

256. Nos consuela saber que no existe la destrucción completa de los que mueren, y la fe nos asegura que el Resucitado nunca nos abandonará. Así podemos impedir que la muerte « envenene nuestra vida, que haga vanos nuestros afectos, que nos haga caer en el vacío más oscuro ». La Biblia habla de un Dios que nos creó por amor, y que nos ha hecho de tal manera que nuestra vida no termina con la muerte (cf. Sb 3,2-3). San Pablo se refiere a un encuentro con Cristo inmediatamente después de la muerte: «Deseo partir para estar con Cristo » (Flp 1,23). Con él, después de la muerte nos espera « lo que Dios ha preparado para los que lo aman » (1 Co 2,9). El prefacio de la Liturgia de los difuntos expresa bellamente: « Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad. Porque la vida de los que en ti creemos, Señor, no termina, se transforma ». Porque « nuestros seres queridos no han desaparecido en la oscuridad de la nada: la esperanza nos asegura que ellos están en las manos buenas y fuertes de Dios ».

257. Una manera de comunicarnos con los seres queridos que murieron es orar por ellos. Dice la Biblia que «rogar por los difuntos» es « santo y piadoso » (2 M 12,44-45). Orar por ellos « puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor »(….)Son lazos de amor, porque «la unión de los miembros de la Iglesia peregrina con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo de ninguna manera se interrumpe […] Se refuerza con la comunicación de los bienes espirituales ».

258. Si aceptamos la muerte podemos prepararnos para ella. El camino es crecer en el amor hacia los que caminan con nosotros, hasta el día en que «ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor» (Ap 21,4). De ese modo, también nos prepararemos para reencontrar a los seres queridos que murieron. Así como Jesús entregó el hijo que había muerto a su madre (cf. Lc 7,15), lo mismo hará con nosotros. No desgastemos energías quedándonos años y años en el pasado. Mientras mejor vivamos en esta tierra, más felicidad podremos compartir con los seres queridos en el cielo. Mientras más logremos madurar y crecer, más cosas lindas podremos llevarles para el banquete celestial. 

Papa Francisco – Amoris Laetitia No. 253 – 258
Puedes leerlo completo aquí.

 

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¿Sabes qué mentiras te crees para tener sexo?

En la actualidad, la gran mayoría de niños, jóvenes y adultos vivimos inmersos dentro de un torbellino de mensajes que provienen, principalmente, de los medios de comunicación y de las redes sociales que, al presentarse frecuentemente y con total naturalidad, nos hacen creer que son verdad y que eso es lo que realmente está sucediendo en la sociedad. Sin embargo, es bueno tomar conciencia de que no es así y que detrás de esta batería de contenido nocivo hay técnicas para mandar mensajes peligrosos que están muy bien fundamentadas y que son innovativas, manipulativas y, sobre todo, elaboradas de manera muy inteligente para llevaros por donde quieren.

Sumado a esto están las innumerables horas a las que nos exponen a mensajes cargados de sexo que hace cada vez más difícil no pensar más que en eso.

A continuación, les presentaremos algunas afirmaciones presentadas como “hechos” que pueden causar que muchos jóvenes –sobre todo mujeres— se pregunten: ¿por qué debería dejar de tener sexo?

Estos “hechos”, que presenta con gran acierto el libro “Girls Uncovered” (Chicas descubiertas) (1), se han convertido en mitos populares. Inclusive algunos son enseñados en las escuelas de tal modo que los niños y niñas están expuestos a ellos ya antes de la pubertad. Muchos padres “modernos” terminan también asumiéndolos como verdaderos y “educando” así a sus hijas. Aquí va la lista:

  • Las chicas pueden usar anticonceptivos orales, tener relaciones sexuales y no salir embarazadas.
  • Si las chicas tienen relaciones sexuales sin haber tomado anticonceptivos orales, pueden usar la pastilla del día siguiente para no quedar embarazadas.
  • Si las chicas quedan embarazadas, pueden tener un aborto. No hay ningún efecto secundario o peligro en este procedimiento “menor”.
  • Si las chicas salen embarazadas es su culpa ya que se equivocaron por no protegerse (bien).
  • Las chicas siempre pueden hacer que un hombre use un preservativo.
  • Si los chicos usan un preservativo, no hay un riesgo real de contraer una enfermedad de transmisión sexual o embarazo indeseado. El sexo con condón es “seguro”. Es culpa de las chicas si no insistieron lo suficiente para que el hombre se lo ponga.
  • Si una chica se infecta, no es un gran problema. Solo tiene que ir a un doctor y que le receten antibióticos.
  • Las chicas pueden sentirse libres de engancharse con el sexo de la misma manera que lo hacen los hombres: con cualquiera, en cualquier momento, cuantas veces quieran, en cualquier lugar y sin absolutamente ningún remordimiento.
  • Las mujeres no deben sentir nada negativo ni ningún tipo de bajón cuando tienen relaciones sexuales. Lo único que deben esperar sentir es placer físico y disfrutarlo. Si sienten algún tipo de remordimiento o decepción, eso significa que tienen un problema. Debe ser que son muy reprimidas, muy ingenuas, o muy religiosas (cucufatas). Deben aprender a superar eso.
  • Todos están teniendo relaciones sexuales.
  • Las chicas pueden tener relaciones sexuales sin generar ningún tipo de enganche emocional con sus parejas.
  • Porque las chicas están en control (salvo en casos de abusos), pueden tomar una decisión racional sobre si tener o no tener sexo.
  • Si una chica está considerando seriamente estar con un chico, debe probar si son compatibles sexualmente antes de formalizar (matrimonio).
  • Una chica puede ser fuerte para resistir las ganas de fumar, tomar en exceso o drogarse. Pero la urgencia sexual es tan fuerte y “natural” que es irreal pensar que puede o debe resistirse a ella.
  • Inevitablemente, las chicas tendrán sexo antes del matrimonio.
  • Los hombres y las mujeres están casándose mucho más tarde de lo que solía ser, por lo tanto es irreal pensar que pueden esperar hasta el matrimonio para tener sexo.
  • La felicidad está en vivir con tus propias ideas y valores progresistas, no con los conservadores y retrógrados que tienen tus padres o la Iglesia.

Cada uno de estos supuestos “hechos” es falso. Por si no quedó claro. Son los nuevos mitos o grandes mentiras que se tragan las multitudes que carecen de espíritu crítico e información real.

Artículo originalmente publicado por La Opción V

(1) Joe S, McIlhaney, Jr., and Freda McKissic Bush, Md.

El perdón en pareja

Las parejas jóvenes no aprendieron a reconciliarse, porque el machismo predominante de los esposos y padres, sobre todo en otro tiempo, no dio margen a esta actitud del perdón; muchas veces se pensó que pedir perdón era humillarse ante el otro; en este caso fallaba incluso la educación, la cortesía de pedir una  excusa; fallaba la nobleza personal de reconocer la falta, el error cometido. Se pensaba que solo el inferior (la mujer, el hijo, el subalterno) era quien debía pedir perdón al superior; este no fallaba.

Muchos parejas de esposos no se percatan de que sus hijos son buenos observadores: aprenden más por lo que ven que por lo que oyen. Incluso, llegan a hacer sus reflexiones personales al respecto.  He mos tenido ocasión de oír a hijos (as) de 10, 12 años, al ver a sus padres discutir, ofenderse mutuamente, guardarse rencor, etc, que dicen: ”esto es el matrimonio?. Si así es, mejor no casarse. Yo no me casaré en el futuro”.  Unos tales padres de familia destruyen con estas actitudes la ilusión de futuro que puedan tener los hijos.

Por el contrario, unos padres de familia que saben dialogar, deliberar juntos, perdonarse, pedirse excusas,  están haciendo escuela del perdón en su propio hogar; los hijos que ven este testimonio dicen: “qué bonito es el matrimonio. Si yo me llego a casar, que mi hogar sea como el de mis padres”. Esto es crear ilusiones positivas para el futuro entre los hijos.

Los hijos tienen el derecho a que los padres se reconcilien: es una situación ambivalente, incómoda,  para los hijos encontrarse ante los padres en riña o altercado: por quién sacar la cara?  Él es mi papá, ella es mi mamá.  Los hijos no saben a quién dar la razón de la contrariedad.  Muchas  veces se oye decir: él o ella me ofendió.. Por tanto, que me pida perdón. En este caso, la persona que se reconozca más noble, más consciente, que dé el primer paso hacia la reconciliación.  Incluso, que los padres pidan perdón a sus hijos; es un buen testimonio.

Ideas equivocadas

Respecto del perdón existen ideas equivocadas; por ejemplo: perdonar no es olvidar la ofensa; si así fuera deberíamos sufrir de amnesia; el perdón no es una obligación que se me impone; el perdón no es el restablecimiento de la situación previa a la ofensa; el perdón no es renuncia a un derecho; el perdón no es expresión de una superioridad moral; en este caso el perdón se convertiría en una humillación para el ofensor.

Descartando estas falsas concepciones del perdón, nos preguntamos entonces qué es el perdón?  El perdón es amar intensamente; en el caso de la pareja, el perdón deberá ser generoso y pleno si es un amor auténtico, capaz incluso de dar la vida por la persona que ama; perdonar es defender la causa de la humanidad, porque el que perdona lo que hace es reconocer también su condición de pecador ante quien le ha ofendido; perdonar es un acto liberador que consiste en ser capaz de romper la cadena que liga  causas y efectos; el perdón rompe la irreversibilidad de los actos humanos; perdonar es ir más allá de la justicia, pues ésta no puede ser un freno al perdón.

Actitudes correctas

En la vida de pareja,  tal vez lo más difícil es la condición de no exigir  reciprocidad, pues muchas veces es preciso renunciar al derecho que tenemos de ser compensados por algo que nos ha hecho el otro; igualmente, no siempre nos es solicitado el perdón, ni contamos con la humildad y el reconocimiento de quien nos ofendió. Es más sencillo cuando podemos ver  el arrepentimiento del otro y los deseos de enmendar su proceder, pero muchas veces las personas nos ofenden o nos hacen daño sin darse cuenta.

El arrepentimiento, la verdadera humildad del otro ante su error es un elemento muy importante para facilitar el proceso de la reconciliación; exige desarrollar una visión comprensiva del otro y hacernos cargo de nuestras emociones y del efecto que éstas han generado en los demás. También el sentido del perdón es tener la oportunidad de enmendar el error, generar actos de reparación del daño y, a través de ellos, obtener  tranquilidad y aprendizajes importantes para la vida.

Sobre todo, es importante tener en cuenta que el perdón posee dimensiones trascendentales; reconstruye la relación herida y maltratada y su efecto va más allá de la pareja: afecta positivamente a los hijos, familiares y amigos. La actitud evangélica de Jesús de Nazaret  es emblemática para todos: ‘perdonar hasta 70 veces siete, lo que significa  ‘perdonar  siempre’.

Artículo originalmente publicado Por tu matrimonio.

Diez pasos para orar en pareja

La velocidad con la que va el mundo nos hace actuar en ocasiones como seres mecánicos y programados, a tal punto que cuando nos levantamos en la mañana, nuestra mente nos envía la información de todas las funciones, acciones, recorridos, labores y actividades que debemos cumplir a contrarreloj. Cuando cae la noche y regresamos a nuestra cama, nos sentimos conformes o frustrados porque logramos cumplir en su totalidad con el horario asignado. Día a día hacemos lo mismo, olvidándonos de algo muy importante: la oración en pareja.

La oración es el reconocimiento de nuestros límites y de nuestra dependencia: venimos de Dios, somos de Dios y retornamos a Dios. Por ello cuando oramos, y más aún cuando lo hacemos en pareja, nuestra unión matrimonial se fortalece y nuestra fe se acrecienta cuando tienes al Todopoderoso como centro de tu vida y le expresas tus alegrías, tristezas, triunfos, fracasos, ideales y realidades. Mi esposa yo así lo entendemos. Por ello, tomamos el compromiso de que antes de ir a la cama a descansar, destinamos un tiempo para orar. A veces el cansancio de la jornada del día, nos invita a no hacerlo, pero la disponibilidad en pareja nos ha permitido que uno de los dos pueda encargarse en dirigir la oración mientras que el otro lo acompaña desde el silencio.

A continuación les compartiremos los diez pasos que hacemos para orar en pareja; tan solo tardará algunos minutos:

1. Establecer una hora para orar juntos.
2. Asignar quién dirige la oración.
3. Tomarse de las manos para orar.
4. Comenzar la oración dándole gracias a Dios.
5. Pedir perdón.
6. Comprometerse a cambiar los errores.
7. Pedir por aquello que más estén necesitando.
8. Afirmar que lo pedido se cumplirá.
9. Expresar a Dios cuánto lo aman.
10. Finalizar la oración con un abrazo

Quisiéramos a manera de reflexión dejar la siguiente pregunta para que nos compartan sus respuestas o comentarios: ¿acostumbra a orar en pareja?

Artículo originalmente publicado por Por tu Matrimonio