Una nueva primavera espiritual

«Si se promueve la lectio divina con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia… La lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón… No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino» Benedicto XVI, 16 septiembre 2005. 

LECTIO DIVINA

Ante todo preguntémonos ¿Qué es la Lectio Divina? Hay una definición clásica del Padre Louis Bouyer: “En la tradición monástica, la Lectio Divina es en primer lugar una lectura de la Escritura, lenta, tranquila, rumiada, pero ajena a toda utilidad extraña…
Creo que hoy será raro encontrar un cristiano  practicante  que no haya  oído hablar de  la Lectio Divina, pero es probable que no  conozca mucho su trayectoria y su metodología, por eso en este artículo trataré de dar algunas luces sobre ambos aspectos.
Quizá suene a novedad, pero en realidad esta es una práctica espiritual de acercamiento a la Sagrada Escritura que data de los primeros siglos del  cristianismo.  Ya por allá en el siglo II los estudiosos  y los eremitas la utilizaban.  Es de  Orígenes, nacido en 185,  este comentario: “Dedícate a la lectio de las divinas Escrituras; aplícate a ellos con perseverancia…Entrégate a la lectio con la intención de creer y agradar a Dios. Si durante ella encuentras una puerta cerrada, llama y te abrirá aquel portero del que Jesús tiene dicho: (Jn 10,3). Entregándote así a la  lectio divina, busca con lealtad e inquebrantable confianza en Dios, el sentido de las divinas Escrituras oculto a la gran mayoría…”
Su práctica se fue extendiendo por toda la cristiandad, sobre todo entre los monjes, y se convirtió en la gran aproximación orante de los Padres de la Iglesia y de la mayoría de los cristianos. Su popularidad  duró hasta la baja Edad  Media, cuando la piedad cristiana  se fue intelectualizando más y máshasta llegar, con la Devotio Moderna, a perderse la práctica  de la Lectio que fue sustituida por la lectura espiritual, la meditación y otras formas piadosas.  Con el Vaticano II se volvió a “las fuentes” y se nos invitó a volver a practicar la Lectio Divina que tanto fruto dio a lo largo de los primeros  siglos del cristianismo.

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